5.9.12

DISPLICENCIA



Sabe a muerte su mirada,
sin embargo,
por mas que pretenda sajar con escarpelo las palabras,
no pueden evitar lucir crespones negros en la almohada.

La melancolía  huele a sombra como aire degollado,
los vocablos rezuman un padecer vetusto,
las insidias se me antojan alfileres con mil puntas,
las razones se me  escapan por fingidas,
todo es un ir y venir caduco,
 con  densidad de escombros.
Obscena hipocresía
de  solidez ignota
derramando olvidos, 
desidias, desganas,
cual flores  marchitas 
que transparentan el paso un tiempo,
otrora días  de  gloria fermentados.

Pronunciaré el nombre,
 sin vocablos,
para sanarme de la angustia que me preña.
Niego una segunda piel
testigo del dolor.

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